en el que no hay destrucción solo amor
enciende esa llama en mi corazón
tu me llevas a los cielos
a los mares
y a los hierros
mi sangre raspa mi carne
en la necesidad de tenerte
en mi anhelo de respirarte
en la desesperación
de no abrazarte
me consume el deseo
de mirarte y
poder tocarte aunque sea una vez
y morir
tengo una locura indeterminada
e indefinida
en el silencio
en el descenso
me haces caminar
delante de mis prisiones
para librarme
para colarme
sangre que rompe la cabeza
que llena en un azote
me anima a seguir
por el desierto hostil